UFJF - Universidade Federal de Juiz de Fora

La Novela Fantástica (1937): Primera Revista de Ciencia Ficción em Lengua Española

Data: 29 de fevereiro de 2012

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Carlos Abraham

Universidad Nacional de La Plata (U.N.L.P.)

carlosx106@yahoo.com.ar

 

Resúmen: El presente ensayo está dedicado a la historia y análisis de la revista La Novela Fantástica, publicada en Buenos Aires en 1937 y que constituye la primera revista en lengua española dedicada a la ciencia ficción. En ese sentido, se la puede considerar como una respuesta latinoamericana a las revistas pulp de Estados Unidos, como Weird Tales, Astounding o Amazing Stories, donde desarrollaron sus primeras publicaciones autores como Lovecraft, Asimov y Bradbury.

palavras-chave: ciencia ficción, revista, Argentina

Abstract: This paper focuses on the science fiction magazine La Novela Fantástica, published in Buenos Aires in 1937. It is the first science fiction magazine in Spanish It can be considered as a Hispanic response to the pulp magazines so popular then in the USA, like Weird Tales, Astounding or Amazing Stories, where authors like Bradbury, Lovecraft or Asimov began their careers.

key-words: science fiction, magazine, Argentina

 

FULL TEXT

Uno de los episodios más fascinantes de la literatura argentina tuvo lugar en 1937. En el mes de mayo, los kioscos porteños exhibieron una pequeña revista de tapa multicolor, titulada La Novela Fantástica. Compartía las bateas con los diariosCrítica y La Nación, y con las revistas Caras y Caretas, Tipperary y Billiken, quizá empequeñecida debido al gran formato y al prestigio de estas publicaciones. Apareció un solo número, que pasó sin pena ni gloria, siendo prontamente olvidado. Sin embargo, algo la hace especial: el hecho de ser la primera revista de ciencia ficción en lengua española.

 

Hasta hace poco tiempo, La Novela Fantástica era completamente desconocida. De hecho, se pensaba que la primera revista hispánica del género había sido la argentina Hombres del Futuro (3 números, 1947, publicada por Editorial El Tábano), seguida al poco tiempo por la mexicana Los Cuentos Fantásticos (45 números, 1948-1954, a cargo de Editorial Enigma) y la española Futuro (34 números, 1953-1954, a cargo de Ediciones Futuro). Encontré en el año 2006 esta ignota publicación recorriendo una de las tantas librerías de segunda mano de Buenos Aires, que suelen estar preñadas con sorpresas. No era mencionada en ninguna bibliografía general o especializada. Tras la lectura inicial, cavilé si sería posible rescatar datos biográficos de su creador, del que por suerte figuraba el apellido. Guía telefónica mediante, hallé en el año 2008 a su única descendiente, Sofía Zappalorti, lo que me permitió reconstruir por completo la historia.

 

Antes de continuar, será útil una breve presentación formal. La revista posee un formato digest, con 21 centímetros de alto y 15 de ancho, no demasiado frecuente en la época. Se extiende a lo largo de 96 páginas, sin contar las tapas. Bajo el título La Novela Fantástica, aparece el subtítulo Aventuras Maravillosas, en idéntica tipografía. Está fechada el jueves 20 de mayo de 1937, y se anuncia que aparece el tercer jueves de cada mes, al precio de 20 centavos tanto en Capital como en el interior. Contiene una novela corta y tres relatos, todos los cuales están acompañados por ilustraciones. En la primera página, un recuadro enuncia la orgullosa frase Primera Publicación Científico-Fantástica Mensual Argentina, lo que prueba que su responsable eran plenamente consciente de la revolución que tenía entre manos.

 

Resultará útil aclarar que el hoy frecuente término ciencia ficción, derivado del anglosajón science fiction, sólo aparece en español en 1955, en los volúmenes de la “Colección Minotauro”. Previamente se utilizaban términos más o menos variables, como fantasía científica, fantaciencia o, como en este caso, narrativa científico-fantástica.

 

El responsable de la publicación era Héctor César Zappalorti (1899-1961), en la doble faceta de editor y director. Fue una personalidad realmente polifacética. En su juventud viajó extensamente, desempeñando diversos oficios (entre ellos, obrero en una fábrica). Ya adulto, ingresó a la Policía Federal Argentina, donde llegó a ser oficial inspector. Paralelamente a estas profesiones, sin duda adoptadas para ganar el pan cotidiano, realizó tareas más vocacionales. En 1940 publicó un libro de poesías titulado Soñando, que al año siguiente sería premiado con un diploma de honor en el Concurso Permanente del Libro Americano, llevado a cabo en Cuba. En las décadas del treinta y del cuarenta tuvo un gran desempeño en el mundo radial, teatralizando tangos de Homero Manzi y otros compositores para Radio Splendid y colaborando en programas de otras radios. Fue autor de numerosas letras de tango, entre las que destacaré “Chamberguito criollo” (música de Pascual Carabillo), “Organito del suburbio” (música de Juan Carlos Caviello), “Hilachas de ilusión” (música de Pascual Carabillo), “Garabateando” (música de Pascual Clausi) y “Cielo de arrabal” (música de Roberto Firpo).

 

Es decir, se trataba de un hombre compenetrado plenamente con los nacientes medios de difusión masiva, y muy aficionado a la música popular porteña. Ambas cosas eran frecuentes en el período. ¿Dónde se halla entonces la clave de su interés por la ciencia ficción, que, por el contrario, era insólito en la época? Pues en una peculiar circunstancia biográfica a la que ya he aludido brevemente: los extensos viajes realizados en su juventud.

 

El padre de Héctor fue un inmigrante italiano llamado Ettore, que llegó a la Argentina a fines del siglo XIX. Luego de que nacieran sus hijos Héctor, Dante, Enrique y Miguel Ángel, partió a Nueva York en busca del sueño americano. En 1918 envió dinero para que se le unieran Héctor y Dante. Dante se establecería en Estados Unidos; Héctor, debido a la nostalgia, volvió a Buenos Aires en 1921. Sin embargo, debido a instancias familiares, retornaría a pasar otra larga estadía en el país de Lincoln, entre 1924 y 1931.

 

Esta segunda permanencia fue crucial en su asimilación de la ciencia ficción, ya que durante esos siete años se produjo en los Estados Unidos el florecimiento y la difusión masiva de las revistas pulp. La primera dedicada exclusivamente al terror fue Weird Tales, aparecida en 1923; en ella colaboraban H.P. Lovecraft, Robert E. Howard (el creador de Conan), Clark Ashton Smith, Robert Bloch (futuro autor de Psicosis) y Henry Kuttner. La primera dedicada a la ciencia ficción fue Amazing Stories, de 1926, que albergaría los tempranos relatos de Ray Bradbury e Isaac Asimov. Ambas revistas fueron seguidas muy pronto por una legión de imitadoras, como Terror Tales, Wonder Stories y Astounding Science Fiction. El joven Héctor debe haber quedado fascinado al ver en los kioscos neoyorquinos esas coloridas y extravagantes tapas, que contenían relatos de un futuro tecnológico y aventurero. Coleccionó y leyó ávidamente estas revistas. Al retornar a la Argentina en 1931, no sólo trajo consigo numerosos ejemplares, sino que decidió emprender un proyecto editorial que le permitiera transplantar esa modalidad literaria a su tierra natal, recreando aquello que tanto le había agradado. Ese proyecto sería la revista que hoy me ocupa.

 

Según su hija Sofía, se trató de un hombre que incluso en su edad avanzada mantuvo un gran interés en el futuro de la humanidad y en las temáticas propias de la ciencia ficción. Cito un fragmento de una entrevista que le realicé en el año 2008:

 

Mi padre, desde que yo era muy chica (yo nací en 1932), me decía que el hombre iba a llegar a la Luna. También decía que se iba a dividir el átomo. Y eso se logró años después, con la bomba atómica. Solía leer una revista de astronomía, Saturno se llamaba, y también era muy admirador de Julio Verne. Era muy fantasioso, recuerdo haberlo visto leyendo un libro llamado El hombre y el mono, y otro titulado La reconquista de Mompracem. Era un hombre nocturno, se quedaba hasta muy tarde escribiendo a máquina, en una Remington, a veces hasta las tres de la mañana. (Zappalorti,  2008).

 

La revista se abre con un breve prólogo titulado “Dos palabras”. En él pueden distinguirse dos postulados centrales. El primero, inspirado en Verne, es una visión utilitaria de la literatura, según la cual uno de los objetivos esenciales de las novelas y relatos es el “instruir deleitando” a los lectores, mediante la inclusión de enseñanzas científicas en la trama:

 

Sociedades casi perfectas… La vida en los planetas y demás mundos siderales… Todo esto, fantástico, apasionante a veces, entretenido siempre, irá pasando por las páginas de esta publicación, contemplando los aspectos más inverosímiles de las cosas, recreando a todos, y aportando, a ratos, conocimientos útiles. Éste es nuestro propósito. Ofrecer al lector unas 100 páginas claramente impresas y prolijamente corregidas, de lectura amena y en parte instructiva. (Zappalorti, 1937).

 

El segundo es la noción de que la extrema novedad de los contenidos de la revista podrá resultar incomprensible y desconcertante para los lectores no acostumbrados a ese tipo de literatura. Una historia que transcurre en el futuro y en un lejano planeta era algo para lo que un consumidor de textos costumbristas o gauchescos estaba muy poco preparado, por lo cual se incluye la siguiente advertencia:

 

Precediendo a cada novelita hemos insertado una síntesis de la misma, adelantando al lector una visión de conjunto de lo que en ella se trata, tendiente a prepararlo para las bellas emociones a que, siguiendo el vuelo de la fantasía de sus autores, lo remontará la trama originalísima de todas ellas. (Zappalorti, 1937).

 

Un rasgo curioso de La Novela Fantástica está constituido por las repetidas alusiones a Domingo Faustino Sarmiento, escritor y presidente argentino que durante el siglo XIX impulsó con energía el desarrollo del país. A continuación del prólogo, una página entera está dedicada a reproducir un fragmento de uno de sus discursos. (Sarmiento, 1873) Y en una de las numerosas publicidades que alberga la revista, aparece un gran dibujo del Buenos Aires futuro, sobre cuyo horizonte cargado de fábricas se yergue la efigie del sanjuanino, auroleada de zeppelines y aeroplanos. Ahora bien: ¿cuál era el objetivo de abundar tanto sobre el prócer en una revista consagrada a la ciencia ficción? Pues, simplemente, que en aquella época la figura de Sarmiento tenía un peso muy fuerte en el imaginario popular: era un símbolo del progreso, de la civilización, de la lucha por la cultura y el avance constante. Por lo tanto, resultaba un símbolo adecuado para una publicación orientada hacia el futuro.

 

El primer texto de la revista (y también el principal, tanto por su extensión como por el hecho de figurar en la tapa) es la novela corta “La cara en el abismo” de Abraham Merritt.  Merritt (1884-1943) fue un escritor estadounidense que desarrolló una prolífica obra en los campos de la literatura fantástica y de la ciencia ficción, siendo publicado principalmente en revistas pulp. Sus principales trabajos son The Moon Pool (1919), The Ship of Ishtar (1924) y Burn, Witch, Burn! (1932). “La cara en el abismo” narra el viaje de un grupo de tres exploradores norteamericanos a las selvas del Perú, donde encuentran con una extraña raza de seres provistos con una tecnología sumamente avanzada (por ejemplo, poseen artefactos invisibles, y ejercen el control mental y la telepatía). Han decidido permanecer aislados de la humanidad, pese a que podrían dominarla fácilmente. Ocurren diversas peripecias, durante las cuales descubren que la región está poblada por dinosaurios. Dos de los viajeros mueren debido a su codicia por el oro del lugar; el tercero resiste la tentación. Los lugareños, usualmente muy estrictos con los visitantes, perdonan la vida al sobreviviente y le permiten regresar al mundo externo. Sin embargo, el explorador se ha enamorado de una de las mujeres de esa raza, y la obra concluye describiendo su regreso a las tierras ignotas en busca de su amor.

 

La primera edición de esta novela corta apareció con el título “The Face in the Abyss” el 8 de septiembre de 1923 en la revista estadounidense Argosy. Sin embargo, no es ésta la fuente donde abrevó Zappalorti, sino que utilizó una reimpresión del texto aparecida en la revista Amazing Stories Annual, correspondiente al año 1927. Mis pruebas para dicha afirmación son tres. En primer lugar, las ilustraciones que aparecen en La Novela Fantástica son las mismas del Amazing Stories Annual, realizadas por el célebre dibujante Frank R. Paul. En segundo lugar, se anuncia para el tercer número de La Novela Fantástica la publicación de otro texto aparecido previamente en el Amazing Stories Annual: un relato de la extensa serie marciana de Edgar Rice Burroughs. En tercer lugar, la página 92 de la revista argentina incluye una reproducción de la pintoresca tapa de la revista estadounidense, la cual evidentemente debe haber impresionado mucho a Zappalorti.

 

El segundo relato es “El pequeño sobre el planeta Neptuno”, de Clare W. Harris y Miles J. Breuer. Clare Winger Harris (1891-1968) fue una escritora estadounidense que en los años veinte publicó una decena de relatos en revistas de ciencia ficción como Amazing Stories, Weird Tales, Amazing Stories Quarterly y Science Wonder Quarterly, conocida como la primer mujer que publicó en revistas pulp. Miles John Breuer (1889-1947) fue un médico de la misma nacionalidad que escribió profusamente en revistas como Amazing Stories y Argosy. Es recordado principalmente por sus colaboraciones con Jack Williamson. El cuento incluido relata el desarrollo de la comunicación entre terráqueos y neptunianos, y el primer viaje humano al octavo planeta. En la escena culminante, los viajeros salvan a un bebé neptuniano de las garras de un monstruo, lo que establece la paz entre ambos mundos. Titulado originalmente “A Baby on Neptune”, había aparecido en el número 45 de Amazing Stories correspondiente a diciembre de 1929.

 

El tercer relato es “La justicia que impuso el coloide” de Harl Vincent (seudónimo del estadounidense Harold Vincent Schoepflin (1893-1968), autor de numerosos relatos de ciencia ficción aparecidos en los años veinte y treinta en revistas como Amazing Stories y Air Wonder Stories). Narra una cruenta guerra futura entre las naciones occidentales y las orientales (capitaneadas por la Unión Soviética y China, lo que resulta premonitorio de la situación política de la segunda mitad del siglo XX). Ante el riesgo de extinción de la especie humana, un científico occidental crea en su laboratorio un organismo similar a una ameba, que puede crecer hasta un tamaño gigantesco y devorar todo a su paso. Una vez colocado en la frontera, un ejército de estas amorfas criaturas (invulnerable ante toda arma) derrota a los orientales. Titulado originalmente “The Colloidal Nemesis”, había aparecido en el mismo número de diciembre de 1929 de Amazing Stories.

 

El cuarto y último relato es un clásico del horror, no de la ciencia ficción: “El caballo de fuego o Metzengerstein” (“Metzengerstein” o “Metzengerstein: A Tale in Imitation of the German.” 1832) de Edgar Allan Poe (1809-1849). Ambientado en la Europa medieval, está protagonizado por un joven y perverso noble. Tras uno de sus crímenes, se le aparece un misterioso caballo que parece dotado con habilidades casi sobrenaturales. Se convierten en inseparables. Finalmente, durante un incendio en el palacio, el caballo conduce a su jinete hasta las llamas, como forma final de castigo.

 

Es el único texto de la revista no tomado de Amazing Stories. Existen numerosas ediciones de Poe, lo que en principio podría complicar el rastreo de la fuente. Sin embargo, he podido identificar con exactitud la edición que usó Zappalorti debido a dos razones: la particular forma binaria del título y las ilustraciones. La única traducción castellana de Poe que utiliza ese extenso título es la realizada por Enrique Leopoldo de Verneuil para el volumen Historias extraordinarias, publicado en Barcelona en 1887 por el editor Daniel Cortezo. Se trata de una antología de lujoso formato, adornada con numerosos grabados de Fernando Xumetra. Tanto el texto como los grabados de esta edición catalana son reproducidos íntegramente en la revista argentina.

 

Ya dentro del área iconográfica, las ilustraciones de La Novela Fantástica son las mismas que aparecían en las revistas norteamericanas de donde fueron tomados los textos. Por ejemplo, “El pequeño sobre el planeta Neptuno” tiene dibujos de H. W. Wesso que habían acompañado al texto en su edición original en la revista Amazing Stories. “La cara en el abismo” posee las ilustraciones que Frank Paul realizó para el Amazing Stories Annual, y lo mismo ocurre con “La justicia que impuso el coloide”, provisto con imágenes realizadas por Leo Morey. Será útil un panorama biográfico de dichos artistas. Wesso fue el seudónimo de Hans Waldeman Wessolowski (1894-1961), artista alemán emigrado a Estados Unidos en 1914, trabajando en numerosas revistas de ciencia ficción. Frank Rudolph Paul (1884-1963) fue un ilustrador austríaco que también emigró al nuevo continente, trabajando tanto en revistas pulp como en comics. Leo Morey es el nombre artístico de Leopoldo Pena Morey (1899-1965), dibujante peruano que, como los anteriores, se radicó en Estados Unidos; participó en pulps como Amazing Stories y en revistas de historietas como Startling Comics y Thrilling Comics.

 

El único dibujo realizado por un artista argentino no corresponde a un relato sino a una publicidad: se trata de un aviso del “Ateneo Técnico y Comercial” donde aparece el ya mencionado retrato de Sarmiento. Fue realizado por Ángel Bonelli, un ilustrador muy activo en el período, responsable de las tapas de numerosas novelas de Emilio Salgari publicadas por el editor Alfredo Angulo.

 

Un detalle extremadamente interesante es que en la página 6 de La Novela Fantástica hay un pequeño recuadro donde se anuncian los contenidos del segundo y tercer números. Dado que no llegaron a ser publicados, el recuadro permite al menos vislumbrar cómo hubieran sido.

 

Entre los textos prometidos figura “Piratas microscópicos” de Harl Vincent (que, evidentemente, era uno de los autores favoritos de Zappalorti). Titulado originalmente “Microcosmic Buccaneers”, había aparecido en la revista Amazing Stories correspondiente a noviembre de 1929. Se menciona que estará ilustrado por Leo Morey; ello quizá sea una errata, ya que en la fuente norteamericana el ilustrador era Wesso.

 

El segundo relato es “Mernos, el planeta que gira entre la Tierra y Marte” de Henry James (seudónimo de L. C. Kellenberger, autor sobre el que no se poseen otros datos). Titulado originalmente “Mernos”, había aparecido en la Amazing Stories de febrero de 1929. Figura como ilustrado por Frank R. Paul; en este caso, vuelve a coincidir el ilustrador del original norteamericano con el de la revista argentina.

 

El tercer y último relato es “El monstruo que caminaba bajo la lluvia” de Otis Adelbert Kline (1891-1946), novelista y agente literario estadounidense, que durante los años veinte escribió numerosas novelas de ciencia ficción ambientadas en Venus, así como relatos de horror y de aventuras selváticas; gran parte de su obra apareció en las revistas Argosy y Weird Tales. El relato, titulado originalmente “The Thing that Walked in the Rain”, había aparecido originalmente en el número de Amazing Stories correspondiente a marzo de 1931. Según el comentario, tendría ilustraciones de Frank R. Paul.

 

Finalmente, se anunciaba “El sagrado maestro del planeta Marte” de Edgar Rice Burroughs para el tercer número de la revista. Se trata de una traducción un tanto libre de la novela “The Master Mind of Mars”, aparecida en el Amazing Stories Annual de 1927. Debido a su extensión, es el único texto previsto para ese número.

 

Los derechos de publicación de estas historias no fueron comprados por Zappalorti. Como era usual en la época, se limitó a tomar los textos de las revistas estadounidenses, sin notificar a los propietarios del copyright.

 

La publicación se completa con otros dos items, cuya mención resulta válida para comprender cabalmente el mundo de su creador, así como su intencionalidad. Se trata de las publicidades y el diccionario.

 

Las publicidades son numerosas, y en su mayor parte están relacionadas con el ambiente radiofónico, lo que resulta lógico considerando que Zappalorti era un asiduo del mismo. Vemos así anuncios de antiguos programas de Radio Porteña, como Marilyn y Porteñismo, de un curso de reparador de radio que no requiere título secundario, y de una empresa de electrodomésticos especializada en radiofonía. La única excepción es una publicidad de máquinas de escribir. Algo que, como sabemos, él empleaba todas las noches para su labor literaria. Todas estas publicidades son un reflejo lacónico del mundo del director, un retrato en pequeño del variado ámbito de sus intereses y pasiones.

 

Las dos páginas finales están ocupadas por un curioso diccionario, donde se informa acerca del significado de términos aparecidos en los relatos, como átomo, electrón, nitrógeno, Urano, coloide, protoplasma y dinosaurio. Se trata de una consecuencia lógica de las premisas del prólogo: la intencionalidad didáctica, y el temor a que los lectores se sintieran desconcertados ante relatos que abundaban en situaciones insólitas. El uso de un glosario ayudaría, al menos, a mitigar su desconcierto ante ciertos términos de uso poco frecuente.

 

El hecho de que la revista no haya seguido publicándose puede resultar curioso, debido a que la abundancia de anuncios hace pensar que la financiación era adecuada. La causa más probable, en mi opinión, es que se trataba de un producto cultural demasiado insólito y especializado para el Buenos Aires de 1937, y por lo tanto no tuvo el suficiente éxito de público.

 

Como conclusión, puede estimarse que La Novela Fantástica fue un extraño y único producto cultural. Fue un intento de transplantar a nuestro país algo que fascinó a un muchacho argentino en su viaje más extenso e iniciático: la ciencia ficción, un género literario que descubrió en los abigarrados kioscos neoyorquinos de los años veinte. Quizá la aventura y la extrañeza que aparecían en esas revistas reflejaban, para ese jovencito argentino, la aventura y la extrañeza que sintió al llegar en un cosmopolita barco de pasajeros a la principal ciudad de Estados Unidos, al deambular por sus ajetreadas avenidas, bajo la sombra de los recientes edificios Chrysler y Empire State, donde quizá cruzó sus pasos con un autor de cuentos de horror llamado Lovecraft, quien por aquel entonces residía en la ciudad que no duerme junto a su esposa Sonia Green.

 

La Novela Fantástica constituyó un arriesgado intento de innovación literaria que, lamentablemente, no tuvo éxito. Sin embargo, fue la punta de lanza de un género que en décadas posteriores conocería una gran difusión en nuestro país. Por ello, y por sus intrínsecos méritos literarios, considero que es importante recordarla. Y, también, por ser lo único que perdura de los sueños de un hombre de un ya lejano ayer.

 

Bibliografía.

 

Sarmiento, Domingo Faustino. Discurso pronunciado por el Presidente de la República D. Domingo F. Sarmiento, en honor de la bandera nacional, al inaugurar la estatua del general Belgrano. Buenos Aires: La Tribuna, 1873.

 

Zappalorti, Héctor. “Dos palabras”. La Novela Fantástica. Buenos Aires: S/E, 20 de mayo de 1937. Página 4.

 

Zappalorti, Sofía. Entrevista personal realizada por Carlos Abraham, el 5 de agosto de 2008.

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